| lyric | Aviones, lanchas y yatchs y automóviles lujosos refinados, caprichosos, gustos de niño exigente; todo diste displicente en un momento mejor. De nada sirvió el amor brindando por mil mujeres, no pediste pareceres. Te burlaste hasta de Dios.
Pendenciero bravucón, tuviste fama de guapo y ya te queda un harapo de lo que fue un corazón. Por llenarlo de emoción lo jugaste en la vida como una ficha perdida en el piso de un salón.
Y qué te quedó varón de todo lo que ha pasado. Un recuerdo prolongado que te invade el corazón. Los años en sucesión se vengaron elocuentes surcos hondos en la frente grabaron tu pesadumbre y como una incertidumbre a la suerte evocas hoy.
En el retiro obligado de tu hacienda lugareña pareces la contraseña de lo que fue tu pasado. Sos un fósforo apagado y lo que fue llama un día quedó en la melancolía de un amor no olvidado. |