| lyric | Un domingo por Florida, yo la conocí, y le hablé con frenesí. Ella, muy graciosa, muy gentil, con “savoir faire” me contestó, con un mohín:
Cada domingo por Florida yo voy a pasear en mi hermoso Packard verde, y sin mamá. Al verme usted, salúdeme, y así recordaré la grata vez que lo encontré y conocí. Le invitaré a tomar el té, en mi “petit chalet”, nuestra amistad será perenne, ¿verdad que sí? ¡Ay! no suspire usted, que eso es muy de mujer. Gustosa el próximo domingo, lo esperaré.
Al otro domingo, natural, yo no falté. La encontré, la saludé... Y al bajar del auto, con tal gracia me mostró algo que vi, y me marcó...
Y, desde entonces, por Florida cada domingo voy, para encontrar a mi divina, mi bibelot. Para abrazar, porder besar, con loco frenesí sus manos blancas y sus labios de carmín. En su casita tan divina, que es nido de amor sólo se habla de cosas bellas, entre los dos. Y ahora tan solo yo quiero felicitar, al que las tardes de Florida supo crear. |