| lyric | La muchacha mendigaba por las calles conduciendo lentamente a un ciego anciano, y tomando la limosna que en su mano les dejaba al oís su débil voz... En su cara se notaba una tristeza, un deseo de vivir que le impelía y sumisa repetía y repetía: “Una limosnita por amor de Dios”.
Cuando llegaba la noche ese hombre, cruel, inhumano, que no era ciego, ni anciano, pero sí un simulador, se convertía en amante de esa criatura inocente profanando irreverente la castidad de su amor.
Pero un día, mientras iba mendigando, en sus ojos otros ojos se miraron, y en lugar de la limosna le entregaron la sonrisa más alegre del amor. Era otro hombre, y se amaron tiernamente, hasta el día que resuelto ese buen hombre ante Dios y hasta la Ley le dio su nombre arrancándola, por fin, de su impudor.
Vengándose el falso ciego con el buen hombre se encara le echa vitriolo en la cara y lo ciega al bienhechor. Y hoy la pobre muchachita, limosna sigue pidiendo pero va alegre y sonriendo porque pide por su amor. |