| lyric | Allá, muy lejos, desde mi ventana veía, ufana, planchando, una mujer, que al parecer muy joven y gentil, por su escultórico perfil, debía ser.
La silueta sólo divisaba sutil e inquieta, sin rasgos, ni expresión. No pude hallar, jamás, ni conocer, ni conversar con tal mujer.
De día y de noche, al balcón, me la ponía a contemplar; y, de la mágica visión, me llegué, al fin, a enamorar. Y fue creciendo mi querer y fue creciendo mi ilusión y era, la incógnita mujer, la dueña de mi corazón.
Mas, una noche, vi ardiendo cuatro cirios, siniestro broche de penas y martirios, y al resplandor, vacilante e incierto, yo vi, con horror, la caja de un muerto.
Sentí que el llanto bañaba mis mejillas lleno de espanto, rezaba de rodillas. Ya no vi más la mujer misteriosa. Muerto, mi amor, con ella reposa… |