| lyric | La tarde agonizaba lentamente de sombras una celda se envolvió; en ella un hombre lee amargamente la carta que su amada le envió. Sus frases tan amargas penetraron en su alma quebrantada de dolor; y viendo muerta su única esperanza como una maldición, así cantó...
¡Sonia! tus engaños crueles, en un sueño lo vi yo, pero llegará el día en que vengaré mi honor. ¡Sonia! yo bien lo sabía, que encerrado en la prisión, tú me olvidarías, ¡mujer sin corazón!, destrozando una ilusión.
Pasó que en esa celda, cierto día, la muerte penetró sin vacilar, no quiso que ese hombre la venganza llegara algún día a realizar. Después se hizo la noche silenciosa, envuelta en las tinieblas del pesar; y, desde entonces, en aquella celda como un rumor se escucha este cantar... |